28 oct. 2012

NO TE ESCONDO NADA

 Prólogo
 
-Un momento, Eva -dijo Cross calmadamente, reteniéndome por el brazo-. Bajará enseguida -esta vez se dirigió a Mark, al tiempo que las puertas se cerraban con mi jefe dentro, completamente pasmado.
Cross no volvió a hablar hasta que el ascensor empezó a bajar; después apretó el botón de llamada y me preguntó: – ¿Te acuestas con alguien?
Hizo la pregunta con tanta naturalidad, que me costó un poco procesarla.
Inspiré bruscamente.

-¿Por qué quiere saberlo?

-Porque quiero follar contigo, Eva, y necesito saber si hay algún obstáculo.
 
Y no puedo leer más.

Veo a multitud de mujeres vagando como almas en pena, llorando la pérdida -¡y no bromeó!- que implica terminar la trilogía de Grey: ninguna quiere renunciar al subidón libidinoso ¡y vital! que Christian y Anastasia le han provocado. Sus parejas imagino que tampoco. ¡Lógico! ¿Quien disfruta renunciando al placer? (Y, por favor, no respondas “un/a masoquista”, que te suspendo por no enterarte.) Pero a lo que íba, no es fácil vivir siempre en estado de levitación (=puesta dicho en plan fino), pero no por ello hay que renunciar a intentarlo… e igual hasta tenemos éxito. (Otro inciso: nuestras ganas no deberían de depender de una lectura, pero no es el tema de este post y del deseo nos hemos ocupado y ocuparemos muchas veces.)

Y en estas que aparece, “No te escondo nada”, de la prolífica Sylvia Day, la primera entrega de otra trilogía con un eslogan contundente: “Si quieres más, este es tu libro”. Y la verdad, tras zampármelo casi de una tacada -hay que vivir durante el proceso-, creo no equivocarme si escribo que muchas de las fans de Grey se alegrarán de darle una oportunidad a esta autora que ya se ha encaramado a las listas de más vendidos en Estados Unidos y aquí… tiempo al tiempo.
Este libro no ganará un premio por su calidad literaria, ¡obvio!, pero, sinceramente, me parecen una soberana memez las discusiones en torno a esta cuestión. ¿Conocéis algún hombre que pierda el tiempo debatiendo la calidad artística de una porno? ¿Pues?
Dicho de otro modo, ¿qué busca la lectora al comprarse un libro erótico? Si es que le ponga, eso es lo que ha de lograr y punto. Si además está muy bien escrito, ¡mejor! Pero eso es un extra. Y más importante: si E.L. James y Sylvia Day han subido el tono erótico de las alcobas, bienvenidas sean y bienvenidos sean todos los libros por venir que lo consigan. Es sabido cuántas mujeres sufren (no te cuento sus parejas) por falta de ganas y cuantas han visto algo (o mucho) de luz gracias a la lectura de estas novelillas. ¡Aleluya! Gracias, gracias, gracias. Imagino a muchos caballeros asintiendo.

En fin, si “No te escondo nada” se merece un lugar en este blog es porque logra con creces el objetivo para el que lo creó su autora. Sylvia Day sabe provocar una escena de sexo -no una, ¡muchas!- y lo siento por quienes idolatran a E.L. James, lo hace mucho mejor que ella, aunque eso sí, si la autora británica es hasta cursi, la estadounidense a veces es bastante tosca. Sea como sea, esta primera entrega va muy cargada, con algún escarceo de dominio-sumision, pero por lo que va dejando caer se intuye que lo mejor está por llegar.

Por último, ¿de qué va? Menuda pregunta. Ya conocemos la fórmula que hace triunfar este tipo de novelas, te remito al post “Cincuenta sombras de Grey… literatura erótica para mujeres”, pues, por ahí van los tiros. Eva Tramell, 24 años, chica guapa, aunque no top, rica (esta vez no es una Cenicienta), y con mucho carácter, y Gideon Cross, creo recordar que 27, chico muy guapo, él si es top, muy rico y muy complicado, se cuelgan el uno del otro. Eso sí, con dos ¿novedades?: primera, no es solo él el difícil, ella también arrastra lo suyo, es decir, se juntan dos seres con un pasado tremendo (cada uno ha sufrido lo suyo y no diré más), y dos, en vez de ser la historia de un amor que triunfa al final y tras una azarosa batalla contra los impedimentos externos, ésta vez la batalla -al menos en la primera entrega- la van a afrontar juntos, porque el enemigo son ellos mismos, es decir, sus miedos y sus cicatrices que hacen que les resulte muy fácil herirse el uno al otro. Y mientras lo hacen, sus cuerpos se aman desaforadamente… y los demás, lo disfrutamos. 

En definitiva, combustible para la libido. Lo que no es poco.

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