30 may. 2012

TODO… O NADA



Corro por la arena de una playa blanca,
en un escondido lugar de las miradas,
siento el aire que me abraza en todo mi cuerpo,
brisa marina majestuosa en mi entorno.

Acaricio la noche, sus estrellas brillantes
observándome constantemente,
vivo la noche como el día,
siento la armonía de los susurros del aire,
en cercanía, solitaria,
echando de menos las costumbres cotidianas,
juego a ser aire que se esfuma en la noche.

Perdiendo la noción del tiempo,
cuando acompañada de la soledad,
imagino la insistencia de seguir escribiendo,
las palabras y más palabras,
estas letras sobre otras y más.

Describiendo los momentos, mis momentos,
costumbres momentos de
mi vida día a día, segundo a segundo,
pensamiento por pensamiento,
vivencia por vivencia,
sonrisas de alegría en cualquier momento,
lágrimas ocultas antes...
desvaneciéndose 

sobre mis mejillas abrumadas por el sol.

Miedo por miedo en la lejanía de una costumbre,
no apropiada a mi vida, miradas...
miedo de perder lo que tengo,
en la soledad de una ejecución.


Soledad de miedo en aquel lugar,
escondido entre los árboles mas ofuscos,
que imaginé en la vida.

Sentada sin sentir ni un suspiro,
recorriendo el frío por mi cuerpo.

Quiero salir de la cápsula donde me encuentro,
sensación de ahogo en mi, 

escalofrío de pensar lo que no debería,
lágrimas de desesperación 

al conseguir salir de la caja mágica,
envuelta en un cuento de las mil y una noches.

A veces apoderada del miedo de la incertidumbre,
de no saber a lo que conlleva
un pensamiento, una escena,
una sonrisa, una mirada, oculta entre todos.

Nunca suelto la piel que me cubre, desesperada,
oculto mis sentimientos,
barriendo en la mirada de los ajenos.


El oscuro sentimiento de no sentir nada 

o cada segundo,
de no abrazar la soledad,
de escaparme
como el humo de un cigarrillo,
desvaneciéndose en el aire.

Suspiro fuertemente, obligo a la mente
en pensar en alegría aunque no pueda,
grito en mi interior, fuego de salir corriendo.

Como chispa mágica, alcanzo la serenidad
de esos momentos, 

ocultado la alegría en mi rostro,
susurro palabras al aire,
pienso, vivo, quiero salir corriendo.

Surgo de lo inevitable, respirando el aire
que antes me ahogaba, ahora libremente
camino en el encuentro de haber superado
lo peor vivido en un instante.

Fuertemente, me abrazo a mí misma,
amparándome en el ángel que siempre me acompaña,
en todas mis veladas.

Gracias a él consigo evadirme del miedo,
gracias a él, suspendí en la tarea del miedo,
otorgándome una salida donde yo no la veía.



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